lunes, 26 de junio de 2017

Caligrafía y lettering: todo lo que hay que saber antes de empezar

¿Te apetece experimentar con la caligrafía y el lettering?  Antes de empezar a poner la tinta sobre el papel, puede que te interesen estos consejos que hemos ido recopilando a base de experiencia. Porque hay cosas que no parecen importantes, pero lo son.  

 



Podríamos haber titulado este post Lo que nadie te explica cuando comienzas a escribir, pero no sería cierto, porque sí te lo explican cuando realmente te adentras en este apasionante mundo de la mano de profesionales. Pero cuando te pica el gusanillo de las letras, lo más normal es lanzarte a comprar materiales como rotuladores, plumillas, tintas... Miras algunos tutoriales por Internet, te descargas algunos alfabetos... y te pones a practicar. Aunque nosotras siempre hemos recomendado hacer cursos (buenos cursos, con mucho cuidado al elegir como ya os contamos AQUÍ), tampoco desmerecemos la vía autodidacta.

Pero no podemos correr antes de andar. Y las ganas suelen hacer que empecemos a probar con la caligrafía (o el lettering) sin tener en cuenta algunos básicos.

* La mesa: No tod@s tenemos un escritorio de calígrafo o de artista gráfico, pero es imprescindible contar con una buena superficie para escribir bien. Mi primera mesa era muy mona, pero demasiado estrecha y no me dejaba mover el brazo con comodidad.

Dicen los expertos que la mesa debe tener una anchura de entre sesenta y sesenta y cinco centímetros, "distancia que aproximadamente viene a ser la del codo del que escribe hasta las extremidades de los dedos, más la mitad". La distancia de delante a atrás "no debe ser menor de medio metro; pues aunque realmente no se necesita esta longitud para escribir, es conveniente, a fin de que puedan colocarse sobre la mesa el tintero y otros objetos precisos para dicho ejercicio" (Arte de la Escritura y de la Caligrafía. Teoría y práctica, Rufino Blanco, 1902).

Sobre la inclinación, no puedo reprimirme y tengo que reproducir otro fragmento de esta obra: "La bella escritura se produce lo mismo en un plano horizontal que en uno algo inclinado: la mayor facilidad que algunas personas tienen para escribir de una manera o de otra es solamente efecto de la costumbre. Por esta razón el uso de mesas con tablero en forma de pupitre se recomienda solamente para evitar que los rayos de luz reflejados sobre el papel vaya a parar a los ojos".



Mi mesa ahora es lo suficientemente amplia :) Y eso se nota al escribir, creedme. Si no tenéis otro remedio que practicar vuestra afición en la mesa del comedor o la cocina, despejadla bien.

* La iluminación: La luz es básica para poder practicar la caligrafía con comodidad. Siempre que podamos, escribir con luz natural (que no deslumbre y desde el ángulo adecuado) es lo mejor. Aunque muchas veces tendremos que recurrir a la artificial. No sé si se aprecia bien en la anterior foto, pero los ojos agradecen una buena iluminación cenital que ilumine toda el área de escritura y evite sombras. Para mí fue un antes y un después añadir un fluorescente led sobre mi escritorio. Lo coloqué bajo una estantería.



El fluorescente (1) añade luz al flexo (2), también led y con lupa, y a la inestimable luz que entra por la ventana (3), desde la izquierda, que soy diestra.

* El papel: No es necesario malgastar blocs de papeles caros para practicar, sobre todo al principio. Aunque hay que tener claro que un mal papel puede hacer que la plumilla de caligrafía se enganche y sea imposible escribir con fluidez o fastidiarnos un rotulador de los caros (con la rabia que da!). La de Tombow dual que me he cargado por usarlos en cualquier folio o en sobres de cartas!
Para el lettering es básico un papel suave al tacto. Recomiendan marcas como Rhodia o Canson. Aunque para practicar algunos cuadernos normales valen. Por ejemplo los Oxford (que tampoco son baratos). ¿Nuestro consejo? Tocad el papel. Si es suave, mejor para vuestros rotus.

* Las guías: Sabemos la pereza que da dibujar una pauta cada vez que cambiamos de estilo de letra, de tamaño de plumilla plana... pero las guías son básicas para escribir. Además hay webs que nos facilitan la tarea. Recopilamos algunas en este POST.

* El palillero: Ya os lo hemos comentado alguna vez. En el mercado hay muchos palilleros, rectos, oblícuos, simples, adornados... muchos, de muchos materiales y de muchos precios. En el caso de los palilleros oblícuos para caligrafía cursiva, vale la pena invertir en uno con la brida de latón. Permite que la plumilla sea flexible (en el grado en qué ésta lo sea, claro). La escritura es mucho más fluida que con un palillero de plástico.



* La tinta: Para empezar a practicar, no merece la pena gastarse mucho dinero. Está bien tener alguna buena para los "trabajos finales", piezas que queramos regalar o que simplemente sean especiales por lo que sea. Para practicar, la mejor opción es la nogalina. Os lo explicamos en esta entrada sobre CALIGRAFÍA LOW COST.

Una vez con estos conceptos claros, llega el momento de ponerse manos a la obra. Tenéis más información sobre algunas plumillas AQUÍ y AQUÍ.



Un paso más allá, los EXTRAS IMPRESCINDIBLES.

Y si lo vuestro es el lettering y os apetece conocer un poco más algunos de los rotuladores, podéis hacerlo en este POST

No podemos olvidarnos del elemento más necesario para la caligrafía y el lettering: la paciencia. Los avances no son rápidos, pero llegan. Así que a seguir practicando!


viernes, 26 de mayo de 2017

Modas caligráficas


Si seguís el mundo de la caligrafía desde hace un tiempo, os habréis dado cuenta de que como en todo, hay modas. Y las modas como vienen, se van. Y no sé si es porque ya llevamos unos años metidas en esto, pero ya hemos visto pasar de largo muchos estilos, técnicas y adornos, unos con más éxito que otros, que inundaron nuestro Instagram durante días, semanas e incluso meses.


Os acordaréis de que hubo un tiempo en el que estaba de moda hacerte tu propio fondo coloreado (con rotuladores Tombow dual o con acuarelas) para luego escribir una frase encima. Vimos de todo; desde pinceles con acuarela creando un fondo multicolor, hasta rotuladores Tombow escribiendo sobre bolsas zip donde se rociaba agua para luego plasmarlo sobre el papel.
Se sigue usando, pero ya no tiene el boom que tuvo en su momento. Ahora se lleva más el fondo monocromático. Igual abusamos tanto de los colores y lo vimos en tantos sitios que lo hemos aborrecido, aunque sea de manera inconsciente.



Si seguimos con los colores, también estuvo de moda escribir con acuarelas o gouache e ir haciendo degradados y cambios de color dentro de la misma frase, prácticamente fue así como nosotras empezamos a usar los colores.




Una técnica que se vió mucho, hasta la saciedad, fue el escribir con líquido de máscara y luego pintar encima un fondo. Al quitar la máscara se quedaba la palabra "escrita" en el papel. Ya no hemos vuelto a saber nada de la máscara.


¿Y las coronas de flores y filigranas? Si no la has hecho es que no has sido una verdadera calígrafa ;P Todas las hemos usado para enmarcar una palabra bonita o una frase, o para hacer una tarjeta de felicitación.


Otra cosa que tuvo un boom tremendo, y que algunas tuvimos que hacer un esfuerzo aún más tremendo para no comprar el dichoso secador,  fue el embossing. Hasta en la sopa oiga, y lo sabéis. Vídeos y vídeos de un rotulador escribiendo algo que no se ve, al que se le echan unos polvos mágicos y con una pistola de calor se convierte en una tinta brillante y con relieve... Asombroso. Es raro verlo ya, pero algo queda.


¿Y qué me decís de las galaxias?? Las has visto seguro, ¿verdad? Vídeos de cómo hacer una galaxia (fondo oscuro y redondo en el que se van combinando otros colores como rojo, violeta, negro, azul.... y que acaba salpicado con tinta blanca haciendo las estrellitas) o fotos de frases con una galaxia de fondo, otra moda que como vino se fue.

¡Anda! Y no se me puede olvidar un material que estuvo en boga durante mucho tiempo! Y que ya no lo hemos vuelto a ver prácticamente... el foil!! No me dirás que no has visto caligrafía usando el foil.... por todas partes! Y además que a esto no nos pudimos resistir casi ninguna. Tenía su trabajo pero era muy resultón. Otra técnica que pasó al olvido, o al cajón donde todas tenemos ahora el foil junto con la plastificadora.

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¿Y qué tienes que tener ahora mismo para estar a la moda?

Bueno, un material que ya lleva un tiempo en alza y que creo que no decaerá porque son ideales de la muerte son las acuarelas finetec, que empezamos a verlas en su variante dorada pero cada vez salen más colores. No hay ninguno que no nos haya enamorado. La calidad es buenísima y el acabado es tremendo. Si sólo has visto fotos no puedes hacerte una idea de cómo son, porque tienen un brillo tan espectacular que es imposible sacarlo en su totalidad en la foto, perdiendo siempre bastante al fotografiarlo. Si no las tienes hazte con ellas que no van a pasar de moda, más bien se convertirán en el "fondo de armario" básico de todo calígrafo.
No nos patrocina Finetec pero vamos, tampoco nos importaría. Somos un poco adictas.




Otro material muy de moda ahora mismo son los rotuladores acuareables, y en concretoTalens Ecoline. Y no solo eso, es que ahora se lleva mojar el rotulador en un bote de acuarela líquida de otro color y hacer degradados. Seguro que lo has visto.



La mayor novedad ahora mismo es escribir palabras con pincel, con mucha textura, trazos rápidos y con varios colores. Son muchos los que se han apuntado a esta moda y ya empieza a ser algo cansina. Los habrás visto, incluso ahora se lleva escribirlos, escanearlos y pegarlos en un fondo distinto preparado para tal fin.
Algo que estamos viendo mucho, y que a veces está bien pero otras veces acaba estropeando el trabajo, es escribir una palabra con estos rotuladores y luego salpicar el papel con tinta. Un poquito es bien, mucho es pasarse!


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Y no nos podemos ir sin mencionar la caligrafía digital. Hay algún genio en este mundo que hace verdaderas virguerías con Procreate en IPad Pro. Llámanos clasiconas.... pero donde esté una plumilla y una tinta o un rotulador... que se quite lo digital.



Pues ya veis que en caligrafía, como en todo, hay modas que vienen y van, otras que llegan para quedarse... Lo importante es seguir practicando, probar técnicas y materiales nuevos. No dejéis de ser curios@s!




jueves, 6 de abril de 2017

Lettering de viaje: ¿qué llevar en el estuche?

El lettering se puede practicar en cualquier lugar, también estando fuera de casa, de viaje o de vacaciones. Solo necesitas papel y algo para dibujar. ¿Qué materiales llevar en el estuche para cubrir diferentes técnicas y estilos? Sigue leyendo.


Ahora que se acerca la Semana Santa es buen momento para repasar algunos básicos que podemos llevar a todas partes, sin cargar demasiado peso. Hace tiempo analizamos muchos de los rotuladores que se pueden usar para lettering (AQUÍ).  Las posibilidades son casi infinitas.

Aunque cada cual tiene sus preferencias, personalmente me gusta llevar un poco de todo, para poder practicar diferentes estilos de letras. Esto es lo que hay en el estuche que meto siempre en mi maleta. 



1- Tombow

Los Tombow Fudenosuke (soft y hard) son de mis preferidos. A diferencia de los Tombow dual, nos sirven para letras de tamaño pequeño. Acompañados de un Tombow dual gris y de un rotulador de gel blanco, podemos añadir sombras y toques de luz.


2 y 4 - Bimoji y Micron

Los Kuretake Bimoji son muy parecidos a los Fudenosuke (sobre todo los números 1 y 2), pero su variedad de puntas nos permite un mayor abanico de tamaños de letra.

Los Pigma Micron, rotuladores calibrados, los suelo usar para dibujos y detalles pequeños. Y hay quien los usa para la falsa caligrafía. Si añadimos a la colección un Micron Brush, podemos jugar con los contrastes de finos y gruesos sin necesidad de recurrir a esa técnica.


3- Pentel touch

Imprescindibles para poder practicar el lettering a color sin necesidad de cargar con los Tombow dual (más grandes). Con la misma punta flexible que los anteriores, lo bueno es que hay 12 colores diferentes para elegir. Yo me los llevo todos (no tengo remedio...).



5- Rotuladores de pincel

Para no echar de menos las acuarelas y los pinceles clásicos, en mi estuche no pueden faltar este tipo de rotuladores. Uno de mis preferidos es el Pentel Pocket Brush. De trazo bastante grueso, solo está disponible en negro. Para jugar con el color, una opción son los Kuretake Zig Clean Color.


6- Rotuladores biselados

Son los de punta plana. Aunque aún no los controlo demasiado, dan más opciones para jugar con otro tipo de letras y me gusta llevarlos para variar. ¿Algunas marcas? Kuretake Zig Calligraphy, Pigma Calligrapher, Speedball Elegant Writer...


En nuestro estuche para llevar a todas partes tampoco  podemos olvidar el lápiz, la goma de borrar y el sacapuntas. Porque la base del lettering es dibujar letras.



¿Y vosotr@s, qué es lo que os lleváis para practicar lettering cuando estáis de viaje?



viernes, 31 de marzo de 2017

Las Sin Sombrero: Rosa Chacel

La escritora Rosa Chacel fue la única que logró hacerse un hueco entre sus compañeros y se la reconoce como parte de la Generación del 27. Se incorporó al grupo de las Sin Sombrero más tarde que sus amigas y fue menos activa en sus manifestaciones, pero por su obra y su particular visión del feminismo también ha servido como inspiración para este reto caligráfico de marzo. 

 

Imagen: generandolecturas.files.wordpress.com

Rosa Chacel Arimón nace en Valladolid en 1898, en el seno de una familia liberal con gusto por el arte y la literatura. A pesar de pasar su infancia en casa por prescripción médica, Rosa desarrolla una libertad de pensamiento poco frecuente en la época, aptitudes y actitudes que seguro están estrechamente relacionadas con esa “intensidad maniática” – como ella misma llegó a afirmar-, con la que sus padres la educaron y formaron en casa. Como anécdota, dicen que con tres añitos ya era capaz de recitar poemas de Zorrilla, del que era sobrina nieta.

Cuando Rosa tenía 10 años, su familia se traslada a vivir a Madrid, al barrio de Malasaña, entonces barrio de Las Maravillas, lugar que daría nombre a una de sus novelas más celebradas. Allí, con 17 años, Rosa ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde comienza sus estudios de escultura y coincide ya con Timoteo Pérez Rubio, quien acabaría siendo su marido.

Retrato de Rosa Chacel por Timoteo Pérez Rubio.

Después de tres años, Rosa abandona sus estudios de escultura al darse cuenta de que no es su verdadera vocación. Chacel frecuenta lugares como el Ateneo, la Residencia de Estudiantes o el café Pombo, donde contacta con pensadores y escritores y donde participa en tertulias literarias y artísticas. En el Ateneo de Madrid ofrece la conferencia “La mujer y sus posibilidades”, que generaría mucha agitación y polémica.

En 1922 Rosa se casa con Timoteo Pérez, a quién le habían concedido una beca en Roma. Allí la pareja reside durante seis años para luego regresar a un Madrid en pleno apogeo cultural y creativo, del que se había perdido sus primeros años. Sin embargo, pronto recuperará su actividad literaria tras integrarse en el círculo de su admirado Ortega y Gasset, lo que le permitió publicar en importantes publicaciones.

La década de los 30 fue agitada en la vida de Rosa Chacel: nace su hijo Carlos, consigue que publiquen su primera obra Estación. Ida y vuelta; en el 33, tras la muerte de su madre, se traslada un tiempo a Berlín, donde coincide con María Teresa León y Rafael Alberti; y el 36 (¡ay, el 36!), cuando por su significación política, decide exiliarse a París (decisión muy criticada por muchos de sus amigos, como su querida y admirada María Zambrano).


Durante los años posteriores, el fascismo continúa su avance por Europa y Rosa, junto a su marido y su hijo, deciden exiliarse a Sudamérica, donde residen en Brasil y Buenos Aires. La familia de Rosa pasa necesidades económicas, pero ella nunca dejade trabajar como escritora y traductora (Rosa Chacel es la traductora de La Peste de Albert Camus) ni de participar en la vida intelectual de allá donde se encontrara. Mientras que en Brasil nunca se sintió del todo integrada, en Buenos Aires sus escritos gozaban de buena fama y allí volvió a tomar contacto con jóvenes de España que recuperaban y estudiaban su obra. En la capital argentina escribió La sinrazón, la que se ha calificado como su mejor obra literaria.

Desde los años 60, Chacel vuelve a España en varias ocasiones y ya será en 1977, tras la muerte de su marido, cuando se traslada definitivamente a vivir a Madrid. En la época de la transición y la restauración de la democracia se redescubre su obra y su figura. La autora es especialmente prolífica y se reeditan varias de sus obras.

En la extensa obra literaria de Rosa Chacel la mujer siempre tiene un gran protagonismo. Sus personajes femeninos reflejan dos visiones antagónicas (o quizá no tanto) de la mujer de la época: mujeres que pasivas se dedican a “sus labores”, chismosas y con escasa inclinación por el estudio frente a mujeres de inteligencia superior, libres e independientes en búsqueda de su realización personal.


Para Rosa, hombres y mujeres eran iguales, y por ello nunca se unión al movimiento feminista, ya que confiaba en que la revolución de los hombres acabaría incluyendo a la mujer. Rosa realizó múltiples y diversas publicaciones en torno al tema del feminismo y el papel de la mujer en la historia.

Rosa Chacel murió en 1994 tras decenas de ensayos, novelas, poemas, conferencias, tertulias, traducciones… Rosa Chacel, trabajadora incansable durante toda su vida, nos ha servido de inspiración en este mes y para algunos años más.

Con ella cerramos nuestro reto de marzo. Para repasar todo lo que ha dado de sí, echad un vistazo a los hastags #marzosinsombrero y #mujeresenlasombra.

miércoles, 29 de marzo de 2017

En torno a las Sin Sombrero: Clara Campoamor

La política Clara Campoamor no perteneció directamente a las Sin Sombrero, pero fue una de sus precursoras. Luchó por los derechos de la mujer junto a otras valientes como Victoria Kent, Margarita Nelken o María de Maeztu. En este reto también nos hemos inspirado en ella.



Durante todo el mes de marzo hemos rendido homenaje a unas mujeres de gran talento artístico e intelectual que rompieron las normas culturales y sociales de una España previa a la Guerra Civil: las Sin Sombrero. Aunque otras antes dieron los primeros pasos para que ellas acabaran liberándose del peso social que las limitaba a un papel únicamente de madres y esposas. Campoamor fue una de ellas.

Clara Campoamor Rodríguez nació en Madrid en 1888. Su padre murió cuando ella tenía diez años, lo que la obligó a abandonar sus estudios para poder colaborar en la economía familiar. Trabajó como modista, dependienta de comercio y telefonista. En 1914, ganó con el primer puesto por oposición, una plaza en el Ministerio de Instrucción Pública. Esto la llevó a ejercer como profesora especial de taquigrafía y mecanografía en las Escuelas de Adultas. Durante los años siguientes alternó este trabajo con los de traductora de francés, auxiliar mecanógrafa y secretaria en un periódico conservador, trabajo que le llevó a interesarse por la política y a publicar algún artículo.


En 1920 inició sus estudios de bachiller. Después se matriculó en la Facultad de Derecho y se licenció con 36 años, en diciembre de 1924. Se convirtió en una de las pocas abogadas españolas de la época. Un año después fue la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, un mes después que Victoria Kent.

Tras proclamarse la Segunda República, Clara Campoamor fue elegida diputada por la circunscripción de la ciudad de Madrid en las elecciones de 1931. En aquel momento las mujeres podían ser elegidas, pero no ser electoras. Se había afiliado al Partido Radical, puesto que éste se proclamaba "republicano, liberal, laico y democrático", constantes de su propio ideario político.

Durante el período de las Cortes Constituyentes de 1931 formó parte del equipo que elaboró el proyecto de la Constitución de la nueva República. Luchó por que se estableciera la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal. Consiguió todo, excepto lo relativo al voto, que tuvo que debatirse en las Cortes de España.

La izquierda, con la excepción de un grupo de socialistas y algunos republicanos, no querían que la mujer votase porque se suponía que estaba muy influida por la Iglesia y votaría a favor de la derecha. Por ello, el Partido Radical Socialista enfrentó a Clara con otra reconocida diputada, Victoria Kent, contraria al voto de las mujeres. El debate final se celebró el 1 de octubre de 1931. Acabó venciendo el sí, con 161 votos a favor y 121 en contra. Se aprobó así el artículo 36 que hizo posible el sufragio femenino.


Clara Campoamor antepuso los intereses de la mujer a cualquier interés partidista o electoralista. Para ella era obvio que la mujer merecía tener los mismos derechos que el hombre, en todos los aspectos, y consideraba que sería un grave error político dejar a la mujer al margen de ese derecho.



En 1934, Campoamor abandonó el Partido Radical. Ese mismo año, intentó unirse a Izquierda Republicana, pero su admisión fue denegada. Fue entonces cuando publicó Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, donde describe sus luchas parlamentarias.



Clara y el feminismo

En una serie de conferencias pronunciadas en mayo de 1923 en la Universidad Central, describe lo que para ella era el feminismo. Este vocablo le parecía absurdo porque, y aunque lo aceptaba como fórmula breve, consideraba que era interpretado de forma errónea, como lo era el pensar que sería “solamente beneficioso para la mujer lo que será un mejoramiento purificador de la humanidad”.

Para ella, en toda mujer hay una feminista.



Cuando estalló la Guerra Civil se exilió en París. Vivió una década en Buenos Aires donde se ganó la vida traduciendo, dando conferencias y escribiendo biografías (Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo). Intentó regresar a España a fines de la década de 1940, pero desistió al conocer la noticia de que estaba procesada por su pertenencia a una logia masónica.

En 1955 se instaló en Lausana (Suiza) donde trabajó en un bufete de abogados hasta que perdió la vista. Murió de cáncer en abril de 1972. Sus restos mortales fueron trasladados algunos años después de su muerte a San Sebastián.

En ESTE ENLACE encontraréis la película de Laura Mañá, Clara Campoamor, la mujer olvidada, de 2011.








lunes, 27 de marzo de 2017

Las Sin Sombrero: Maruja Mallo

Maruja Mallo fue una de las figuras centrales del movimiento de las Sin Sombrero y de la Generación del 27. Pintora, artista revolucionaria y pensadora, sus obras y su trayectoria vital nos inspiran en este reto de marzo, ya en su recta final.

 

Mujer libre y rompedora, apasionada y apasionante, que se anticipó e hizo posible, junto a otras mujeres, el modelo femenino que somos en la actualidad, y que ni la Guerra del 36, que acabó con tantos sueños de libertad e igualdad, pudo borrar.


Tània Balló, en su libro Las Sinsombrero, la define así: “Maruja Mallo fue la primera Sinsombrero que se cruzó en mi camino. La mujer más original, moderna y transgresora de la España de los años veinte y treinta. La artista vanguardista, la pintora de grandes lienzos llenos de colores, movimiento y geometría. Ella, que se quitó el sombrero, que quiso ser pintor y no pintora; ella, que amó a todos los hombres que quiso amar y lo hizo sin prejuicios; ella, que rompió todos los límites que a priori se le imponían por el absurdo hecho de ser mujer”.

Maruja, con un manto de algas

Ana María Gómez González nació en Vivero (Lugo) el 5 de enero de 1902. Fue la cuarta hija, de catorce, del matrimonio formado por María del Pilar González y Justo Gómez Mallo. En Avilés desde temprana edad comienza a copiar las ilustraciones de las revistas de la época. Con veinte años entra en la Academia de San Fernando hasta 1926, con el apoyo total de su padre; lo que resultaba cuanto menos curioso en aquellos momentos, por el poco número de mujeres que iban a la universidad y sobre todo a Bellas Artes.

"La infancia es trascendental para la vida del hombre. Maléfica influencia la de la tradición o educación atávica. En la Escuela de Bellas Artes de Madrid, donde ingresé, conocí a Dalí, que me presentó a Lorca y a Buñuel. Salíamos mucho juntos Dalí, Lorca, Margarita Manso y yo. Íbamos al jazz, yo escondiéndome porque no hubiera estado bien visto que una señorita frecuentara esos sitios", recordaba la propia artista. Con ellos inició, como ya hemos comentado, el movimiento Sin Sombrero. Maruja Mallo declara acerca de aquella performance primera que los insultaban llamándolos «maricones» y «narcisistas», lo cual corresponde con la imagen andrógina que sugería el nuevo estilo a lo garçon.

Mujer inquieta que intentó hacerse un hueco e integrarse “a codazos” en los movimientos de vanguardia en Madrid, en los años de preguerra. Una vanguardia fundamentalmente masculina, muy adelantada a nivel de creatividad y muy reaccionaria en todo lo que tenía que ver con la mujer y a la que ella accede desde una postura de adhesión a los postulados del surrealismo y una actitud innovadora y rupturista, junto a los grandes nombres del momento, como Dalí, García Lorca, Ramón Gómez de la Serna o Rafael Alberti. Ortega y Gasset le “permite”, caso excepcional, exponer en los salones de «Revista de Occidente», en 1928. Respecto a su obra, encaja con la estética del momento en Europa y que se denominó Realismo Mágico. Y es un referente del surrealismo internacional.

La Verbena, 1927


Antro de fósiles, 1930

Los hombres no entendieron su forma libre y firme de actuar, no como una mujer “mascota” sino activa y fuerte. Incluso Alberti la negó durante décadas, como compañera sentimental y como influencia artística. Si leemos a José Luis Ferris, biógrafo de Maruja Mallo y de Miguel Hernández, sabemos que también mantuvo con él una relación amorosa que influyó poderosamente en la poesía del alicantino.


Su actitud política y su compromiso con la República podemos conocerlos por sus propias palabras: La noble República fundada por prohombres de aquella hora, y que tanto hizo por la cultura, el arte, la ciencia, la justicia social, había nacido en un momento anacrónico y desarmada, mientras a nivel mundial se preparaban mayores conflictos. Ese conjunto de humanistas fue atropellado por traición cainita y poderes extranjeros, ante la indiferencia de una Europa que no creía disfrutar tan pronto de una guerra.

Empezada la guerra del 36 Maruja se exilia.


 La sorpresa del trigo, 1936

Portugual, Argentina, Uruguay, Nueva York... Aunque la mayor parte del tiempo la pasó en Buenos Aires, no dejó de exponer en París, Brasil...



 Naturaleza viva, 1945

No volverá a España hasta el 1963. Maruja Mallo lleva una vida bastante anónima, a pesar de que en la década de los 80 los artistas de la Movida retoman su figura y el Ministerio de Cultura le conceda la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes. 


El 6 de febrero de 1995 muere en Madrid a los 93 años, según algunos críticos olvidada e incluso manipulada por las corrientes culturales del momento.

Maruja Mallo fue sin duda una figura clave para el movimiento Sin Sombrero. En este reto caligráfico, ha inspirado trabajos tan originales como ella.




Podéis repasar toda la inspiración que nos han dado estas grandes mujeres con los hastags #marzosinsombrero y #mujeresenlasombra.

domingo, 26 de marzo de 2017

Las Sin Sombrero: Remedios Varo.


Remedios Varo es posiblemente la primera pintora surrealista española, pero desgraciadamente poco conocida aquí. Hoy nos inspiramos en el aura que envuelve a sus pinturas, su toque tan personal y único, su magia y su marcado mundo interior. Una Sinsombrero que fue "adoptada" por México.



María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga nació en Anglès, Girona, en 1908. De padre andaluz y madre vasca. Mujer adelantada a su época, con una prodigiosa imaginación, gran conocedora de las matemáticas y la astronomía, amante del esoterismo y la mística. Sus obras revelan el gran sentido del humor que tenía, y el amor por los animales en general y los gatos en particular. Centrada más en el proceso creativo que en la obra final, la mayoría de sus pinturas las regalaba a amigos. Murió muy joven, en pleno éxito, en 1963.
No podemos saber si la obra de Remedios Varo, tan particularmente introspectiva y volcada al interior, hubiera sido diferente de no haber visto su vida zarandeada por las turbulencias sociales que pusieron marco a su juventud: unos años plenos de conflictos, primero en España, enseguida en el resto de Europa. Pero cabe decir que de por sí, se advierte en ella una especial clase de energía en continua transformación, personal  y a la vez permeable y con conciencia de su época.

Varo experimenta el primero de sus grandes viajes a los nueve años cuando su familia se traslada a Madrid, donde en vista de su temprana afición a la pintura, su padre, ingeniero hidráulico y causante de que tan pequeña ya tuviera conocimientos matemáticos, de perspectiva y dibujo, la hace ingresar en la Academia de San Fernando. Ser mujer en esta escuela (fue de las primeras en ingresar allí) y en esta época no es nada fácil. De hecho, pocas mujeres pudieron acabar la carrera. Ella lo hizo, señal de su fuerte personalidad y amor a la pintura. Allí coincidió con Maruja Mallo y Dalí, entre otros. En 1930 ya participa en exposiciones colectivas. Contrae matrimonio con uno de sus compañeros de estudios, Gerardo Lizárraga, y juntos parten hacia París.



En París se venía fraguando desde 1925, en torno a la figura de André Breton, un movimiento artístico surgido de las cenizas del dadaísmo, con nombres como Louis Aragón, Buñuel, Dalí, Paul Éluard o Max Ernst. Las pinturas de Varo en esa época ya orbitaban en torno a ese nuevo término –surrealismo –, al cual Bretón se empeñaba en dar un sentido marxista no del agrado de todos sus adeptos, y quizá tampoco de Varo, cuya obra tiene una existencia propia al margen de ideologías.
En 1932 la encontramos en Barcelona, donde ejerce junto a su marido el oficio de dibujante de publicidad, hasta la separación de ambos dos años más tarde. Y, de nuevo, de vuelta en Madrid. En 1935 expone allí sus primeras obras reconocidas, Composición, o L’Agent Double, y se involucra de pleno en el movimiento surrealista español.


Los acontecimientos se precipitan: el estallido de la Guerra Civil la deja en el lado de los republicanos, a los que según parece ella presta algún tipo de apoyo; entabla una relación con el poeta Benjamin Péret y con él abandonará España para siempre regresando a París, un lugar lleno de estímulos intelectuales, donde esta vez sí conoce a Breton, Ernst, Miró y Leonora Carrington, quien se convertirá en su gran amiga; pero, de nuevo, es alcanzada por la guerra cuando en junio de 1940 los nazis ocupan la capital francesa.

Su condición de refugiada española de izquierdas y personificación, además, de aquello que el III Reich entendía como «arte degenerado», no presagiaba para ella nada bueno. En efecto Varo es encarcelada por un breve periodo de tiempo, aunque poco se sabe de eso. Ella y Péret solo pueden huir a México con la ayuda de Varian Fry, un periodista estadounidense que dirigió una red de rescate desde la Francia de Vichy.


Hasta su muerte en 1963, ya naturalizada mexicana, ese país ofrecerá a Varo todo lo que España y Europa no habían podido darle: estabilidad, un nuevo amor que será el definitivo, un círculo de amigos artistas autóctonos y exiliados como ella, y la posibilidad de ejercer otros trabajos de ilustración como forma de ganarse la vida.


Allí conoce a artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera, y mantiene su amistad con  Leonora Carrington.  En 1952 se casa con el político austriaco Walter Gruen, con quien permaneció hasta su fallecimiento.

Artísticamente es donde comienza a pintar de manera más metódica, más madura, y es el escenario donde se consuma y cobra fama su obra pictórica, pareja a su exploración en su mundo interior que la llevaría a empaparse de las teorías psicoanalíticas aún en boga y de la tradición alquímica.


Esta fusión de psicoanálisis y alquimia no es fruto del capricho, sino por el contrario algo coherente: Breton y su círculo ya habían fijado su atención en Sigmund Freud, en los sueños y en el inconsciente, así como en los poetas simbolistas Lautréamont y Rimbaud, ambos esencialmente místicos –si bien luciferinos–, volcados, con sus respectivas poesías, en expresar lo inexpresable, y Rimbaud en particular, versado en la cábala.

De los viejos grabados alquímicos Remedios Varo recibe una influencia insólita, al menos para una pintora española del siglo XX, y en general la recibe también del legado de manuscritos iluminados producidos durante la Baja Edad Media, como se aprecia, por poner un ejemplo, en Tránsito espiral, 1962.


Las pinturas de Remedios Varo son obras fantásticas y sorprendentes, de un surrealismo sereno, como realizadas por iluminadores medievales sonámbulos, y pueden ser entendidas como depósitos de símbolos, jeroglíficos en forma de figuras humanas, objetos, espacios y perspectivas que invitan a mirar y a interpretar, siempre con algo de malicia infantil y de tierno juego cómplice. Un testimonio de la propia vida, la que se vive pero también la que se sueña o se ensueña. De ahí que sea una obra contemplativa, y en el fondo, una reelaboración nueva de experiencias, emociones y pensamientos tan viejos como el ser humano.
En el año 2000, Walter Gruen, su viudo, donó la colección de obras de Remedios Varo al Museo de Arte Moderno de México. Tras algunos litigios judiciales con la familia, finalmente se dictaminó que  la nación mexicana es la única y legítima propietaria de su legado artístico. Podéis ver algunas de sus obras en ESTE ENLACE del propio museo o en esta WEB, que recoge su vida y obra.

Recta final ya para nuestro reto caligráfico de marzo. Esperamos que las Sin Sombrero también os estén inspirando.